sábado, 21 de mayo de 2011

DON JOSÉ FORONDA, padre e hijo

En todas los pueblos y ciudades siempre han existido y existen ciudadanos nacidos o criados en ellos que, con el paso de los años,  bien porque ha hecho cosas importantes por sus pueblos o por sus méritos profesionales, han destacado convirtiéndose en personajes importantes  y famosos que han llenado de orgullo a sus convecinos y los han homenajeado dándole nombre a una calle, plaza o un simple callejón, cuando no, levantándole una estatua o poniendo una placa en la casa donde nació o vivió o dando nombre a una institución, escuela, museo o conservatorio, en fin, algo que demuestre el agradecimiento,  admiración o reconocimiento de su pueblo.
          San Andrés no iba ser una excepción, entre sus habitantes seguro que habría alguno, nacido o no en el pueblo, que pudiera reunir la condición de ser considerado como un hijo, aunque fuese adoptivo, teniéndole en cuenta como alguien importante salido del pueblo por el simple hecho de haber vivido en él durante un tiempo quedándole impregnado en su memoria recuerdos de lugares y personas que compartieran juntos, aunque fuera una pequeña parte de su vida.
          Posiblemente, en tiempos pasados, durante la etapa de colonización de la isla hubieron más de una persona, tantos nativos como conquistadores, que sobresalieron por algunas cualidades o por actos beneficiosos para el pueblo pero, que yo sepa, no tengo referencias de ninguno que tenga una simple placa en ninguna pared y ya no digo una estatua, algún busto o monumento, más o menos artístico, que embellezca algún rincón de San Andrés. Sin embargo… ¡alguien a lo largo de los siglos, habrá sido merecedor de un homenaje de esa características!, ¿no? Bueno, por lo que he podido ver en internet, hay una excepción al dar nombre a una calle a D. José Benigno Ramos.        
           En  los próximos escritos quiero, más que homenajear, que también, dar a conocer   un par de famosos, alguno, mundialmente conocidos, que tuvieron alguna relación con nuestro pueblo donde iniciaron o al menos se preparaban para el futuro en nuestro pueblo y sus habitantes los desconocen o no los recuerdan.
         
          Aproximadamente entre los años 1938 hasta el 48, vivió en San Andrés un médico, que después de cursar sus estudios, licenciándose en Medicina General en el Hospital de San Carlos de Madrid, especializándose en Pediatría en cursillos en el Hospital Niño Jesús y San Juan de Dios de Madrid y posteriormente en Barcelona en el Hospital de la Santa Cruz y San Pablo, ya titulado, regresa a Tenerife e inmediatamente se inscribe en el Colegio de Médicos en Mayo de 1936.
          Comienza a ejercer en Fasnia y Arico, pidiendo traslado como médico por oposición de Asistencia Pública Domiciliaria, a San Andrés y Taganana.
           Posiblemente el doctor. D. José Foronda Hernández ya me conocía a mi mucho antes de que yo tuviera edad para saber quién era, pues desde pequeño se encargó de mi salud, sobre todo de mis frecuentes inflamaciones de amígdalas y la salud de mi hermano Andrés y resto de mi familia.
         No sé si ya estaba casado cuando se vino a vivir al pueblo pero, en los años que estuvo allí, su familia estaba formada por su esposa Dña. Lucía Monje Marrero y sus tres hijos, José (Pepito), Jerónimo (Jeromín) y Gonzalito que era de mi edad.
        Vivian en la calle Guillén, en la acera del cine, dos o tres puertas más abajo.
         Junto con mi hermano Andrés, íbamos muchas tardes a la casa a jugar con los tres hermanos. Mientras Andrés, por concordancia de edades, jugaba con Pepito y Jeromín en la azotea a tiro limpio con lo que tenían a mano, en el largo patio de la casa donde se iniciaba la escalera que subía a la azotea, que por seguridad, teníamos vedada, jugábamos Gonzalo y yo.
         Una de aquellas divertidas tardes, los mayores jugaban como siempre en la terraza, cuando oímos que uno de ellos se lamentaba dolorido por un golpe recibido. Asustados por lo que hubiera podido pasar, acudió su madre y nosotros a ver que había sido, resultando que mi hermano, sin querer, le dio un “leñazo” al tirarle algo contundente, a Jeromín, que era un chico fuertote y brutote en sus juegos, como mi hermano, con tan mala suerte, que le produjo una herida en la que tuvo que intervenir su padre.
         De vez en cuando se dejaba caer por casa de los Foronda un hermano de D. José, creo que se llamaba Gonzalo y era el padrino de Gonzalo sobrino. Era un tiarrón atlético con unos fuertes y musculados brazos y no estoy seguro, pero creo hacía boxeo o lucha canaria.
           Recuerdo que tanto a su sobrino como a mí, nos cogía las manos por entre las piernas, con el cuerpo doblado y la cabeza entre sus rodillas y con un fuerte tirón de los brazos, te levantaba del suelo, dando la vuelta, hasta la altura de su pecho. Otras veces nos elevaba con un sola mano en la espalda extendiendo su brazo hasta quedar totalmente estirado por encima de su cabeza o nos tiraba al aire como una pluma para recogerte en su brazos, pálidos por el susto y felices, por lo emocionante y divertido.
          Doña Lucia y mi madre tenían excelentes relaciones y de tanto en tanto, se hacían visitas en las respectivas casas, al margen de los encuentros habituales en las tiendas, la guagua, en misa, etc. aunque ninguna eran amigas de cuchicheos ni novelerías.  Creo recordar que mi madre le hacía vestidos, ya que era buena modista, hacia los vestidos de mis hermanas   y “cosía para la calle” como se decía entonces,
           Algo no podía faltar nunca, año tras año, desde que tuve uso de razón.    Tanto por San José como por Santa Lucía, mi madre preparaba una bandeja, donde, cubierto por una bonita servilleta con bordado canario que hacían mis hermanas, colocaba un hermoso bizcocho con pasas y almendras de la que se encargaba de hacerlos mi hermana Carmen. Según era la festividad del Santo,  iba acompañado por algún obsequio personal para don José, con una bolsa de caramelos variados o algo apropiado para Pepito. Para doña, Lucia en el día de su santo, un frasco de colonia, unos pañuelos bordados, o… lo que se dice “un detalle. “
             En los últimos años de mi estancia, era yo el encargado de llevar el obsequio a la casa. Durante el camino iba repitiendo lo que diría cuando llegara para no olvidarlo ni equivocarme. Una vez ante don José o su esposa, con timidez, balbucía de corrido el mensaje que, previamente, mi madre me había enseñado:-- “De parte de mis padres, le desea feliz día de su santo y que perdone la poquedad”-- coletilla adecuada a la escasez de la época. Doña Lucia agradecía complacida el regalo, me daba un beso y me decía que pasara por la tarde junto con mi hermano, a merendar con los niños, cosa que me encantaba por jugar con ellos, comer bizcocho y más que nada, por oír cantar a Pepito.
            José era el mayor de los tres hermanos y entre ellos habría dos o tres años de diferencia y en aquellos momentos estaría sobre los 13 - 14 años mientras que yo tendría 6 ó 7.  No solo por la edad sino también por carácter y la disciplina que imponía su padre, Pepito era un chico formal y serio, ya iba encarrilado en sus estudios convencionales y en los musicales, pues estudiaba piano y canto. Poseía una bonita y potente voz que su padre, hombre amante  de la música, como el resto de la familia, educaba y cuidaba, ensayando con él acompañándolo al piano. En aquellos años D. José, participó en la creación de una de las corales en Arafo, pueblo de larga y fructífera tradición musical, de donde la familia era originaria o tenía fuertes vínculos con él. Y hasta diría que gracias a este vínculo, la banda que cada año acompañaba la procesión en las fiestas patronales de San Andrés proveniente de Arafo,se debía posiblemente a la intervención de don José Foronda Hernández.                                                      
          Recuerdo que en la primera habitación de la casa, nada más entrar a la izquierda, había colocado un piano de pared. D. José, que tenía un gran coche Ford descapotable que era la envidia del pueblo y más en aquellos tiempos  donde  muy pocos se lo podían permitir. Algunas  tardes, cuando regresaba de sus visitas y consultas médicas, se sentaba al piano, con  Pepito a un lado de pié, le hacía vocalización y ensayaban piezas de canto de óperas y zarzuelas, en aquellos años, desconocidas para mí. Pero desde muy pequeñito, he sentido una fuerte atracción por la música y por fortuna, he tenido buen oído y facilidad para retener melodías y aquellas músicas que ahora escuchaba con  curiosidad pero sin  comprenderla, se fueron sembrando en mi memoria y años más tarde, al oírlas por la radio, germinaron fecundamente cuando las reconocía, con la alegría de algo que me era familiar y me despertaba  el deseo de  disfrutar de sus compases.
          Cuando algunas tardes iba a jugar con Gonzalo coincidiendo que Pepito cantaba, estaba más pendiente de la música que de nuestro juego, el cual hacíamos sin producir mucho ruido para no interferir la clase de canto o piano. Posiblemente el escuchar en la voz  y el piano de los Foronda las bellas  arias y romanzas de óperas y zarzuelas, las melodiosas canciones napolitanas, las dulces y emotivas Ave Maria, etc, etc, dejó grabada para siempre en mi infantil memoria, sentir la emoción e inclinación  hacia la música clásica y operística que tan felices momentos me ha hecho disfrutar, como también, el liberarme y reconfortarme en momentos muy tristes y difíciles de mi vida ayudándome a salir adelante, incluso aliviarme de continuas y eternas noches de insomnios.
          De todas las canciones que Pepito interpretaba, había una que cantaba con frecuencia cuando venia alguna visita o se le solicitaba que cantara algo. Con su ya potente y vibrante voz de tenor juvenil, tras la introducción al piano con gran brío y actitud de su padre, Pepito, con gesto varonil y desafiante cantaba: --- “Fiel espada triunfadora, que ahora brillas en mis manos…”--- la famosa romanza de la Zarzuela ”El Huésped del Sevillano.”¡Me encantaba oírle cantar!... Guardo con verdadero deleite y cariño las canciones que me atan a tantos recuerdos entrañables.
          Don José Foronda y familia eran muy queridos en el pueblo. Durante los años que ejerció su profesión en San Andrés, atendió con dedicación y eficacia, las más de las veces de forma gratuita, a los enfermos del pueblo sin distinción de ninguna clase.
         Un año antes de irme del pueblo, D. José cambió de domicilio a Santa Cruz  porque los hijos se hacían mayores  y había que facilitarles sus estudios y las posibles carreras. Aprovechó la circunstancia al conseguir obtener una plaza en propiedad en la recién creada Seguridad Social
          Fue médico de la Policía Municipal de Santa Cruz de Tenerife y de D. Carlos Arias Navarro, entonces Gobernador Civil de la provincia de Tenerife y posteriormente Alcalde de Madrid y Presidente del Gobierno  de España antes de iniciar   la Transición.
             Falleció en Santa Cruz de Tenerife el 16 de Mayo de 1990 a la edad de 83 años. Descanse en paz tan excelente ser humano.
(Datos biográficos entresacados de “SEMBLANZA” –Autor: D. Carlos Díaz Cejudo)


Don José Foronda Monje   (Pepito) --- Tenor

                  Nace en Santa Cruz de Tenerife. Licenciado en Derecho, realiza sus estudios musicales entre Tenerife y Madrid. Becado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, los perfecciona participando en seminarios y cursos, tanto de dirección como de interpretación musical de los diferentes estilos, en Francia, Alemania, Bélgica, Holanda e Italia, incidiendo sobre todo en los Seminarios Europeos de Música Medieval y Renacentista de Brujas, dirigidos por Safford Cape. Coopera durante un tiempo con profesores del Conservatorio de Paris y Milán y también en los Cursos de Santiago de Compostela.
Esto le lleva a abordar un repertorio amplio y muy especializado entre la llamada Música Antigua, el Barroco y el lied en general.      En esta línea, funda e integra diferentes agrupaciones como director o Intérprete tales como: Agrupación Promúsica Antigua de Madrid, Agrupación de Música Antigua, Cuarteto Renacimiento, Cuarteto Tomás Luis de Victoria y los actuales Cuarteto y Octeto Polifónico de Madrid. Miembro fundador y componente del Coro de RTVE, es director de¡ Laboratorio Experimental de Música de Madrid. Ha dirigido la Coral Universitaria Virgen de Loreto y la Agrupación Coral El Madroño, y desde Abril del año 2001 dirige la Capilla Polifónica de la Colegiata de San Isidro de Madrid.
              Fundada en Abril de 2.001 por deseo e impulso del Párroco Don Eduardo Herreros Díaz y la colaboración de Don José Foronda Monje, su Director.
          En el campo de la enseñanza de canto, viene realizando una intensa labor en diversos cursos y seminarios.    
          Como tenor solista ha interpretado sobre todo el repertorio barroco, no dejando por ello de abordar los clásicos, la música actual o de vanguardia, realizando múltiples estrenos y grabaciones bajo la dirección de batutas de alto prestigio.
         Ha realizado gran cantidad de grabaciones discográficas de Polifonía Española así como para Radio Nacional de España y Televisión.





Breve resumen de actividades de José Foronda – Tenor

 













Interpretes:
Isabel Penagos, Inés Rivadeneyra, José Foronda, Gregorio Gil, José Granados, Ramón Alonso y María Teresa Aristu. Cuadro escénico dirigido por Antonio Martelo, con: Rafaela Aparicio, Luis Bellido, Manuel Cebral, Carmen de León y Rafael Castejón. Orquesta y Coro Teatro Apolo, dir.: Odón Alonso
                                                    __________________________________
LA ROSA DEL AZAFRÁN
Intérpretes:

Isabel Penagos
, mezzosoprano (Sagrario)
Vicente Sardinero, barítono (JuanPedro)
María Orán, soprano (Catalina)
Víctor Blanco, tenor (Moniquito)
Gregorio Gil, tenor (Carracuca)
José Foronda, tenor (Pastor)
Carmen Ramírez, soprano (Custodia)
Coro del Teatro Apolo. Director Concertador: Vicente Larrea Orquesta del Teatro Apolo Director: Odón Alonso
coro : Miguel Roa. Maestro
                                                _____________________________
                                             
                                                    M I S E R E R E
1972 lo interpretan el tenor Francisco Ortíz, el barítono Raimundo Torres y el contralto José Foronda.

El MISERERE de 1976 se interpreta el 10 de abril, actuando el tenor John Richards, el bajo Isidoro Gavarí y el contralto José Foronda.

El día 18 de marzo de 1978 se canta el MISERERE, actuando como solistas el tenor David Hulman, el barítono Antonio Lagar y el contralto José Foronda.

El 29 de marzo de 1980,el MISERERE es interpretado por el tenor John Treleaven que, por cierto, lo había cantado años antes con el nombre de John Richards, el barítono Rubén Garcimartín y el contralto José Foronda.
   Durante el mes de abril de 1982 se dan tres audiciones del MISERERE: el día 1 en la Iglesia de San Francisco, en Cádiz; el día 2 en la Colegiata de Jerez de la Frontera y el día 3 en la Catedral de Sevilla. Al año siguiente, las partes solistas fueron interpretadas por del tenor Arthur Davis, el bajo Alfonso Echevarría y el contralto José Foronda.
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El Pais ANDRES RUIZ TARAZONA 04/02/1982 -  Decimonovena temporada de la Opera de Madrid
JARDIN DE ORIENTE Joaquín Turina      23, 25, 27 y 28 de febrero
Homenaje al compositor con motivo de su centenario.
Orquesta Sinfónica de Madrid (Orquesta Arbós) - Coro Titular del Teatro de La Zarzuela  - Ballet Nacional Español
Enrique García Asensio (dm), Juanjo Granda (de), Gregorio Esteban (eg-fig), José Manuel Vázquez (fig), Alberto Lorca (cg), José Perera (dc)María Orán (Galiana), Isabel Rivas (Zaida), Ascensión González (Celinda), Antonio Blancas (Omar), José Foronda (El genio de la fuente), Aurelio Rodríguez del Río (Hassan)                                                                                                                                                                                                                                                 _                                      _________________________________          
68 A B C ESPECTÁCULOS Música MARTES 24- 12- 85 Teatro Real. 21- 12- 1985. Coro de Radiotelevisión Española. Solistas: Angeles Zanetti, soprano; José Foronda, tenor, y Antonio Lagar, barítono. Director: Pascual Ortega. Programa: Villancicos europeos y populares españoles y Carmina Burana de Carl Orff. XX aniversario del Coro de RTVE, con magnífica actuación conmemorativa, conducido en esta ocasión por quien es su actual director titular, Pascual Ortega.
                                                  ______________________________________

Participó Semana de Núsica Religiosa de Cuenca  en los años 1970-71 - 73
62) X Semana de Música Religiosa de Cuenca, Iglesia de San Miguel, Cuenca, 6 de abril de 1971
Obras de Montsalvatge, Esplá y Mompou. Encargos de la Semana de Música Religiosa de Cuenca

Fernando Ruiz Coca, "Nuevo Diario", Madrid, 13-4-1971: "(...) En la antigua, perfectamente acondicionada, Iglesia de San Miguel, sonaron la "Invocaciones" en la voz que madura hermosamente, de Ana Higueras, con un grupo de solistas de la Orquesta Filarmónica, al frente de los cuales estaba, al piano, Elisa Ibáñez, con Enrique García Asensio en el "podium". En la misma velada, el "Salmo 129" " De Profundis", de Oscar Esplá, (...) Ana Higueras, Inés Rivadeneira, José Foronda y Julio Catania, el Coro de la RTVE -preparado por Blacafort- fueron intérpretes fieles, junto a la Filarmónica y García Asensio. (...)"
                                                             Y
                                           ETC.   ETC.  ETC…..
                                                                                    30 Abril 2011

sábado, 14 de mayo de 2011

Nostalgias


          Por el aspecto actual del pueblo según se ve en fotos y vídeos, es bien patente que en los últimos años, ha sufrido una explosión demográfica a raíz de la urbanización y remodelación de la playa Las Teresitas y su dársena pesquera.       
Foto: Eladio Cova
        Como consecuencia de ella, se  realizaron las importantes obras de infraestructuras  tan  necesarias como: alcantarillado, conducciones de agua a las viviendas, pavimentado de calles, alumbrado subterráneo, nuevos paseos y parques, dotaciones de mobiliario urbano, sobre todo encauzamiento de los barracos del Cercado y las Huertas, ordenamiento y protección del Castillo,  diversos puentes de comunicación sobre los cauces  para salvar los barrancos y un amplio y bello paseo marítimo, trabajos todos ellos indispensables  que le han dado a San Andrés un merecido aire de  modernidad, comodidad, bienestar, publicidad,..Y un largo etc., de beneficios dignos de elogio.
       Tantos esfuerzos, tantos gastos, tantas molestias con las obras, tantas discusiones y manifestaciones, tantas peticiones para encarrilar fallos cometidos, tantas reivindica_ ciones no oídas para, al final, el problema de las aguas pluviales e inundaciones sigue igual o peor que en tiempos pasados.
Foto cedida: Alexis Méndez Morales         

          El encauzado de los barrancos,  visto los últimos desbordes con la consiguiente inundación de calles y casas  ¡¡NO HA SUBSANADO LA TRAGEDIA DE LAS INUNDACIONES !!... ¡Hasta cuando, se tiene que seguir sufriendo esa incertidumbre!
           Recuerdo el terror que me producía, impidiéndome dormir, cuando en el silencio de la noche, me despertaba aterrado por el tremendo ruido producido por las impetuosas aguas del barranco arrastrando gruesas piedras y todo lo que se ponía a su alcance. Lo acompañaba el estruendoso sonido de los truenos con la zigzagueante cegadora luz de los relámpagos al que se le unía el ¡click, click! de las goteras que cada año la propietaria de la casa, prometía arreglar y ahora caían del techo insistentemente a las palanganas y en los diversos cacharros que ponía mi madre.
           A pesar que el muro de la Muralla era bajo y sin demasiada consistencia, no se producían inundaciones tan violentas, porque el cauce era tan amplio, que las aguas se distribuían por todo su ancho sin alcanzar mucha altura, evitando el desborde del muro protector. Solo en la parte baja del Castillo, por acumulación de los guijarros  arrastrados por el barranco y por los de la playa, a lo largo de la época seca y debido a las olas producidas por la subidas de mareas y fuertes temporales, se formaba en la boca de la desembocadura, una inicial retención que, al momento, las  fuerzas de las aguas del barranco, acababa por hacerla desaparecer, abriendo una amplia brecha, dándole salida al mar y ampliando, año tras año El Cabezo, con nuevos aportes de aluviones de piedras y sedimentos.
           Igualmente para hacer la amplia y bonita avenida de entrada  a San Andrés, se han tenido que sacrificar las playas que protegía el murito donde también rompían la olas, pero sin la violencia actual, dado que entonces, era la distancia natural de su rompimiento, pero al robarle terrenos al mar, no solo han desaparecido sus playas, tanto la del Muellito como la que se extendía hacia el Cabezo, sino que, el propio Muellito, ha sido  triste víctima,   sufriendo las consecuencias de la usurpación del espacio natural adaptado durante siglos.
Foto: Ana Isabel Delgado Torres         
      La invasión de grandes piedras para el rompeolas acortando el espacio de aproximación  de las fuertes mareas, hace que las olas rompan con bastante más violencia, saliendo dolorosamente perjudicado el propio Muellito, ahora mutilado y mal herido, sin visos de una necesaria y deseada reparación para que recupere su encanto como símbolo y recuerdo de su valiente misión protectora de las marineras barcas de los  pescadores  y la  lúdica  alegría de la chiquillería  con sus saltos, juegos  y baños durante tantos años. Ahora, con El Muellito roto, se pierde uno de los rasgos que daban personalidad y carácter, junto con el Castillo, a nuestro querido pueblo.
           Desde las reformas hechas para la modernización del pueblo, cualquier nimio temporal, inunda la preciosa avenida manteniendo el agua encharcada, haciéndola intransitable por no tener medios de evacuación del agua hacia el mar, añadiéndosele el temor de los vecinos  de ver sus casas inundadas  con las consiguientes molestia y  precaución de salir a la calle, la interrupción del tráfico por las fuertes olas que bañan continuamente la avenida y todo el deterioro que supone en el pavimento,  plantas,… ¿No se podrían subsanar esos continuos inconvenientes? ¿Es que San Andrés no se verá nunca libre de esos antiguos problemas? ¿Cuántos años más han de pasar para eliminarlos?...
¡¡ Pobre sufrido pueblo mio!!
           A cambio, San Andrés. para conseguir su moderno funcional aspecto, para un nostálgico romántico como yo, ha tenido que pagar un alto precio, en cuanto, ha perdido la belleza natural de sus playas de “callaos” y negra arena, la desaparición de sus hermosas, frondosas y fértiles huertas, la intimidad y el sosiego de sus habitantes, buena parte de viejas costumbres y tradiciones, el encanto del viejo y entrañable Muellito protegiendo valientemente, a  las dormidas barcas varadas, mi aprendizaje a nadar,  siendo espectador activo de mis juegos infantiles, la paulatina invasión urbanística de sus montañas circundantes, el deterioro continuo del medio ambiente,…mas otro largo etc., que aún no ha terminado.
 

 
Foto: Domingo T. Hdez. Vivas                      
                                                                                                                                                                         Foto: Javier Melián 

           Entre mis recuerdos infantiles durante los fuertes temporales invernales, las grandes olas del bravío Atlántico arrastraban los guijarros de la playa, tanto en la subida como en la bajada, de las impetuosas olas que saltaban el murito de la playa. El vaivén de las cantos rodados hacían un ruido atronador, como la estampida de miles de bisontes que, en el silencio de la noche, retumbaba en mis oídos impidiéndome conciliar el sueño por el miedo que me producía.                                                                      
          Cuando a la mañana iba a la Escuela de Orientación Marítima, situada en la calle del Horno pegando a la playa, al bajar mi calle para ir al colegio, en el trozo final que desembocaba en la calle del murito, te encontrabas con barcas varadas que casi impedían el paso, que los pescadores habían transportado desde la playa del Muellito para protegerlas del fuerte oleaje. Así, en cada bocacalle donde era posible, incluida la calle Belza, hasta la esquina de la calle La Arena, se llenaban de barcas refugiadas del temporal. Pero… a pesar de todo, las aguas no inundaban la calle de forma dramática.
          Aún llevo vivo en mi memoria y guardo con inmenso cariño, la imagen de un dormido pescador sesteando a la sombra de las también dormidas barcas,  el olor a redes y aparejos, el ¡aurié, aurié!  al tirar del “chinchorro”  con el copo lleno de peces bullendo  intentando escapar desesperadamente  de su mortal prisión, y otra vez el ¡aurié! al sacar las barcas de la mar deslizándolas  sobre los gastados ensebados “varales”, la habilidad y destreza del viejo pescador remendando  las redes extendidas sobre el suelo del muelle, las luces de los “petromaxs” como enormes luciérnagas “titilando” su luz reflejada en las tranquilas aguas de las estrelladas noches veraniegas y un largo etc. de  escenas marineras. Todo ello me trae la real demostración de mi San Andrés como un pintoresco, encantador y típico pueblo pescador y marinero.               
         Posiblemente era necesario sacrificar parte de ese encanto, pero la ambición, especulación y corrupción ha hecho imposible un equilibrio entre la modernidad y la conservación de lo que siempre ha hecho de San Andrés un pequeño "Shangri-La" tinerfeño.

 






                             Marzo  2011

sábado, 7 de mayo de 2011

El Castillo


          Desde el descubrimiento de las Indias Occidentales y su posterior conquista y explotación, era continua la presencia de barcos que recalaban en las Islas Canarias para abastecerse de aguas y víveres en los continuos viajes de ida y vuelta hacia América.
          Eran las ensenadas de la costa de Anaga, en la isla de Tenerife y particularmente en la playa que se extendía en la desembocadura de la confluencia de dos barrancos que forman los valles de ”Abicoré" e "Ibaute" (hoy El Cercado y Las Huerta), lugar preferente para los abastecimientos de las diferentes embarcaciones dada la abundancia de aguas  y su  excelente calidad, lo que permitía que aguantara sin corromperse, la larga duración de las, no menos largas, travesías.
          Más tarde, como consecuencia de la persecución a los barcos españoles, proveniente de América cargados de oro y otras riquezas, que se refugiaban en estas costas huyendo de los barcos piratas, al mismo tiempo, para disuadir a barcos enemigos de su aproximación a nuestras costas, se creó la necesidad de dotar de un sistema de protección al litoral canario, construyendo un  conjunto de fortificaciones menores, encargadas de una eficaz  defensa de nuestras isla.
          Tomada la decisión de crear la red de defensa costera, allá por el año 1607, ya se pensaba, para el valle del actual San Andrés, dotarlo con un castillo que defendiera su playa, complementando los fuertes de Paso Alto y San Miguel, cosa que de momento no se llevó a cabo, hasta transcurrido un siglo, en el que, por primera vez, hay constancia escrita de la presencia de una Torre o Castillo, de forma circular, en San Andrés.
           EL Castillo contaba con una dotación de 4 culebrinas, 3 cañones, 3 atacadores, 3 lanadas, un sacatrapos, 24 balas de cañón, un barril pequeño de pólvora, 2 cartuchos y una campana. Lógicamente también tenía una dotación de artilleros, suficientes para el mantenimiento del castillo y el uso y servicio de la defensa. Con la construcción del Castillo y su dotación, se consiguió eliminar la fama que tenia la playa del valle de San Andrés como “puerto de piratas.”           
          Posteriormente la reorganización de las milicias en 1771, el coronel Mazía Dávalos propuso una media compañía de artilleros milicianos, para San Andrés, que fue creada el 20 de noviembre de 1774. Estaba compuesta por el siguiente personal:1 subteniente, 1 sargento 1º, 1 sargento 2º, 1 tambor, 1 cabo 1º, 1 cabo 2º y 20 artilleros.
          Esta media compañía se reunía en la torre, los domingos por la tarde, para practicar los ejercicios correspondientes-
          La “Torre” o Castillo de San Andrés, sufrió a lo largo del tiempo diversos avatares, entre ellos varias destrucciones parciales como consecuencias de impetuosas riadas de los barrancos que confluían próximos a su desembocadura, orillando sus  gruesos muros. 
         Igualmente cambiaba la dotación, tanto militar como de pertrechos, según las necesidades de la época o diferentes mandos militares.          
        Participó el Castillo de  manera muy eficaz y valientemente en el rechazo de barcos piratas e intentos de invasiones por barcos enemigos.
         Tuvo una actuación destacada en 1797, cuando en un ataque a la isla por barcos ingleses mandados por el afamado Almirante Nelson. La Artillería que guarnecía el Castillo de San Andrés, mandada por el teniente José Feo de Armas y Betencourt, con 44 artilleros bajo su mando, acertó a dar a los barcos Emerald y Theseus, destrozándole la arboladura y aparejo.  El barco inglés "Rayo" se acercó a tierra y lanzó sobre el valle de San Andrés sus bombas, pero la acertada respuesta de la "Torre," hizo que el barco, casi se fuera a pique.
            El Castillo estuvo activo y con buen aspecto hasta que en el año 1878, una nueva y fuerte riada, volvió a dejarlo en estado de ruina.
           Un año después, fue cedido al pueblo de San Andrés a través de su entrega al alcalde.     
         A pesar de las varias riadas padecidas, nadie hizo nunca ningún sistema de contención que protegiera al amortizado, sufrido e histórico Castillo. Un 28 de octubre de 1898, tuvo que aguantar, una vez más, el fuerte envite de una nueva avenida de aguas torrenciales, dejando otra parte de su heroica estructura, en el lastimoso estado actual. Desde entonces cayó en un total abandono.  Por R. O. de 2 de enero de 1924 se declaró sin utilidad militar ni defensiva, entregándosela al ayuntamiento el 15 de enero de 1926.
           Por fortuna en 1949, meses antes de que yo abandonara el pueblo, se le declara Patrimonio Histórico Español.                          
          Pasaban los años y el derruido castillo, a trancas y barrancas, seguía manteniendo su descarnado desgarro a merced de las continuas “barrancadas” anuales y la desidia crónica de las autoridades. Entretanto servía de juego a los chiquillos del pueblo que lo disfrutaban trepando por sus derruidos muros y subiendo hasta la torreta. En más de un ocasión, mientras  jugábamos por entre los lienzos de paredes desgajadas, en momentos que subía la marea, saltábamos precipitadamente de sus piedras para acercarnos a la boca del cabezo intentando coger cientos de sardinitas pequeñas (le llamaban “charitas”)  que formando un gran “banco” nadaban cercanas a la playa y una fuerte ola  las sacaba de su  medio para dejarlas sobre los callados del barranco, y en una orgía de saltos, parecían dar vida a las dormidas piedras que el barranco acumulaba en su desembocadura. Los chiquillos nos abalanzábamos a coger a las escurridizas “charitas” sin percatarnos de la llegada de una nueva ola que nos empapaba la ropa, y a la vez, dejaba sobre las piedras, otro hervidero de los pequeños pececillos proporcionando, con suerte, una suculenta cena.
          Las más de las veces, el castillo tenía como utilidad, la función de ser un enorme retrete público de numerosos usuarios. Muy esporádicamente, servía de cárcel, para encerrar a algún borracho peleón y pendenciero, y en una ocasión, durante varios días, dió alojo a un hijo de la “Virocha”, que vivía en la casa de al lado del cafetín de Gregorio en la calle Belza. Despertó al pueblo con el escándalo de haber entrado por el tejado de la casa de don Antonio Marrero para robar, cosa insólita en el pueblo, en su tienda, situada en la calle Belza haciendo esquina a Sacramento,.
           A partir del momento de mi partida, desconozco lo que le aconteció al Castillo, aunque no es difícil suponer que continuaría con la misma dejadez y abandono conociendo el poco interés que siempre han tenido nuestras autoridades y pueblo por conservar sus legados histórico, cultural y paisajístico (salvo escasas excepciones).                
          Tuvo que perderse unos cuantos años entre dimes y diretes de proyectos, presupuestos, discrepancias y más y más papeleos hasta que, ¡por fin!  se decidieran hacer las obras correspondientes y con ellas, modernizar y salvaguardar al sufrido pueblo y al desgajado y benemérito Castillo, de las temidas bajadas de aguas torrenciales. 
        Hasta entonces, el Castillo era mudo testigo del paso obligado y único del barranco, cosa que se hacía pisando el propio lecho para cruzarlo, pero lógicamente, en los momentos de mayor intensidad de la corriente, era imposible pasar al otro lado, quedando toda la parte de Igueste, La Bateria, etc. totalmente aislado.
          Una vez las aguas bajaban de nivel, podía reanudarse el tráfico, entonces casi único, de los camiones que iban a Trajelarena”  (hoy  “Tras La Arena” que es más fino) a cargar arena  y áridos para las construcciones en Santa Cruz.
              Recuerdo que los chiquillos esperábamos el paso de estos camiones para “reguincharnos “en la parte trasera y cruzar el rio sin mojarte para ir al campo de fútbol o simplemente como juego. Luego lo esperábamos a la vuelta para regresar por el mismo método, cosa fácil de conseguir, pues los camiones de la época, eran muy lentos y por las circunstancias del camino, aun iban más despacio.
          Para los de a pie, se colocaban gruesas piedras, de las que la propia riada arrastraba y se colocaban, a modo de puente, teniendo que saltar, de una a  otra, hasta atravesar al otro lado de las aguas procurando no resbalar y caerte.                 
          Sobre la mitad de los años 80 se inició parte del encauzamiento del barranco del Cercado y a su vez se remodeló la zona del Castillo construyéndose un puente sobre el cauce del barranco para facilitar el paso hacia Igueste y Las Teresitas, a la vez que la salida al mar de las aguas de lluvias procedentes del Cercado y las Huertas. De paso se protegió “La Torre” de las posibles riadas, con un muro de piedra alrededor y de una valla de madera para protegerla de la invasión de niños y visitantes desaprensivos.
            ¡Al fin!  San Andrés hacía justicia a su entrañable derruido Castillo, adecentando su entorno y protegiéndolo de invasiones varias, presentándolo al mundo con la dignidad que siempre mereció, respetando su glorioso y accidentado pasado.    



 3  -  Marzo  -  2011