viernes, 22 de julio de 2011

SAN ANDRÉS y PINITO DEL ORO

          Yo no lo viví en su momento, por lo tanto, el relato, usando una expresión actual, será narrada en “diferido” pero la anécdota es totalmente cierta y la he oído contada muchas veces por una de las protagonistas. Y para conocimiento del pueblo de San Andrés, es más que posible que fue en nuestro pueblo, donde nació para el mundo del circo la más grande trapecista de todos los tiempos.
 
          Todo empezó…

          Un modesto circo viajaba incansable a lo largo y ancho de la Península, de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, con su carga de fantasía, de ilusión y alegría. Un joven estudiante de medicina de espíritu aventurero y libre, colgó sus libros y escapó de su cómoda y para él, aburrida vida. Lo primero que se cruzó en el camino fue un titiritero del que aprendió su oficio, acabando por  incorporarse  plenamente al mundo del circo.
          Dentro del circo fue instruido por uno de sus artistas enseñándole los secreto de la acrobacia, pasando posteriormente por distintas actividades como payaso, perchista y recabar siendo trapecista. En el periplo circense se casó, convirtiendo en realidad el popular dicho con respecto a los marinos:”En cada puerto un amor” solo que, en su caso, lo transformó “en cada pueblo un hijo” pues, con los muchos que tuvo, fue creando una extensa familia donde cada uno de sus miembros era de pueblos o ciudades distintas por los continuos cambios de lugar como consecuencia de la propia vida itinerante del circo. Llegó a tener hasta 19 chiquillos de los que solo le vivieron nueve que, a medida que crecían, se iban incorporando a las actividades del circo aprendiendo varias disciplinas según las cualidades  y gustos de los niños y las necesidades del espectáculo, consiguiendo con los años y con esfuerzos, la técnica y calidad hasta convertirse en excelentes funambulistas, payasos, trapecistas, etc  .
           El patriarca José Segura, juntó esta amplia familia en sus continuos deambular por los viejos y polvorientos caminos de España dándose a conocer  bajo el nombre de “La Troupe Segura” de la que ya destacaban Esther, Raúl, Arturo, Raquel y Salvador, que a su vez iban creando su propia familia  siempre con el “veneno” del circo en sus sangre.
           Corrían los años y la troupe de los Segura continuaban haciendo kms.  por todo el país llevando consigo la carpa del circo bajo la cual  se entremezclaban tristezas y alegrías junto a éxitos y fracasos,  mientras,  se deterioraba el país convirtiéndose cada vez más inestable y convulso, y cada día, se iba extendiendo la intolerancia y el odio. La seguridad personal se iba haciendo más y más difícil. Esa inestabilidad creciente, barruntaba una salida nada halagüeña ante tanto malestar general, haciéndose más palpable, día a día, que una gran tragedia se avecinaba inexorablemente.
          Vaticinando un fatal desenlace, el propietario del pequeño circo familiar, para preservar la seguridad de su circo y la de su extensa familia de artistas, tomó la sabia decisión de desplazarse a las islas Canarias buscando el sosiego, huyendo de situaciones embarazosas y acciones cada vez más violentas, contando además, con la ventaja de la total ausencia de circos en el archipiélago-
           El circo que arribó a las islas ya llevaba algunos años circulando por tierras peninsulares y venía precedido de una cierta fama y larga experiencia.
          La familia Segura se instaló en Gran Canaria. Estando en Las Palmas de Gran Canaria, la familia se vio incrementada con el nacimiento del último de los hijos, resultando ser una niña a la que bautizaron con el nombre de María Cristina del Pino Segura Gómez. Esto ocurría por el año 1931.
          En los preliminares y durante todo el tiempo que duró la trágica aventura bélica, recorrían las islas, y dentro de ellas, barriadas de las capitales  y pueblos importantes, parando más o menos días, según la  importancia y capacidad de espectadores del lugar.         
           Fueron años muy difíciles materialmente, más aún humanamente, pues una vez desencadenada la contienda, rara era la familia que no tenia un padre, hijo o hermano que no hubiera caído en tan terrible fratricida guerra. El luto, en toda la nación, era una vestimenta muy frecuente y daba una imagen de nuestro país triste, rayano en lo lúgubre.
          Entretanto, la pequeña y frágil Mª Cristina crecía entre el mundo del circo sin tener apenas contacto con otros ambientes, ni juegos con otros niños ajenos a su círculo habitual debido al continuo ir y venir de un lado para otro, pero bien protegida por su madre que no quería siguiera la tradición artística familiar circense, pues ya había sufrido más de lo necesario, con las caídas de sus hijos.
          Fue en esos momentos cuando recalaron por Tenerife La Troupe Segura
 presentándose, estrenando carpa, con el nombre de “Circo Segura” cumpliéndose así el sueño del patriarca  de tener su primera carpa con circo propio. Y es justo en ese periodo de los años 40- 41-42 y 43 cuando el circo Segura aparece en San Andrés donde hace escala durante una buena temporada.
          Es más que seguro que fue, precisamente en San Andrés, donde nace para el circo la gran estrella que luego recorrería el mundo como la más arriesgada y célebre trapecista  que alcanzo la más altas cotas de  elogios y popularidad con el nombre de “Pinito del Oro”
          Según cuenta en su autobiografía con sus propias palabras.—No iba con los otros niños, me tenían apartada, hasta que un día mi padre me llevó: `A ver tú, vamos a probar qué puedes hacer'. Me desmayé. Y mi padre: `Venga, Atilana (su madre), haz lo que quieras con ella, métela a modista'. Pero a eso de los diez años, ya estaba yo desarrollando, insistió: “¡A ver tú, antes de que críes más culo, vamos a saltar!”. Entonces me puso en el alambre, que era lo que hacían las niñas, con la sombrillita. A mí no me gustaba, porque tenía miedo al público, me daba vergüenza: tenía complejo de pequeñita.”
          Tenía la futura Pinito 10 años cuando correteaba las calles de San Andrés  próximas a donde estaba instalada la carpa del circo donde Mª Cristina comenzó a entrenarse haciendo equilibrio sobre el alambre que más tarde le daría la seguridad para mantenerse sobre el trapecio en movimiento " donde llegó a ser única en su género.“--- Perdona la inmodestia, pero fui única en mi género. Los críticos decían que rompía la ley de la gravedad, porque me salía del trapecio.”   Foto: www.amigosdelcirco.com           La carpa recién estrenada estaba situada en un lateral de la Torre en un descampado entre la casa de Santiago Baldeón  y el chorro que estaba en la Muralla y daba paso para atravesar al valle de las Huertas. En ese espacio de terreno es donde da comienzo la calle San José y siempre jugábamos los chiquillos de la pandilla de La Torre a la pelota y demás, como ya he comentado en otro escrito.
           Frente por frente a la entrada de la Torre tenía una tienda Juan López que por dificultades de la guerra la cerró. El vivía en la casa de al lado tenia barcas, redes, etc. pues se dedicaba a la pesca. Alquiló la vivienda de la tienda a la familia Segura estando casi juntas la carpa circense y la casa donde vivía Pinito.
          Mi hermana Manola, tenía la misma edad que Cristina (Pinito)y se habían hecho muy amigas. Cada tarde, después del colegio, se venía Cristina a mi casa o mi hermana se iba a la de ella a jugar a las cosas de niñas: el “teje,” muñecas, las cocinitas,…Otras veces jugaban en la acera del cine, porque en una casa de al lado, vivía uno de sus hermanos. Con ellas también jugaba Mari Nieves, hermana de Nena, Silveria y Aguedita, hijas de Domingo “el guardia de las que ya he hablado en otro capìtulo.
             En muchas ocasiones, mi hermana se quedaba a cuidar al niño Arturito, mientras sus padres Arturo y su esposa, actuaban en el circo y cuando terminaba la madre su número, ella entraba en el circo a ver el espectáculo.
          El circo daba dos funciones a la semana y tenían números muy bonitos y espectaculares, desde trapecio, funambulismo, contorcionismo, payasos, etc. casi todos ellos ejecutados por todos los componentes de la familia ayudados por alguno que otro empleado que acababa siendo de la familia por casamientos. Arturo y Raúl además de “portadores” trapecistas, equilibristas, formaban una graciosa pareja de payasos del que Raúl era un estupendo “augusto.”
          Salvador era pocos años mayor que Mª Cristina y según mi hermana, era muy guapo y las niñas de San Andrés estaban loquitas por él. Hacía un difícil número sobre una escalera colocada sobre las plantas de los pies de uno de sus hermanos que yacía tumbado sobre una mesa o tarima. El subía a lo más alto de la escalera estando en continuo equilibrio y la bajaba serpenteando entre los peldaños.
          Raquel, otra de las hermanas, junto con Tomás, que no era de la familia, actuaban en el trapecio haciendo los saltos y equilibrios característicos. Preci samente Raquel se enamoró de un chico de San Andrés durante el largo tiempo que estuvieron allí. Y allí se casaron y el traje de novia de Raquel se lo hizo mi madre. Para amenizar el baile de la boda se llevaron prestados un g ramófono de cuerda y discos de pizarra  que teníamos en casa pues en esos tiempos no había otra cosa.
Foto: Andrés Afonso
          El chico con quien se casó era Pepe, el hijo de don José “el Turco”, dueño de todas las plataneras del valle de las Huertas desde más arriba del puente, en El Cercado, hasta casi el estanque Pilario. Se fueron a vivir a la hermosa casa que aun existe pasado el puente, justo enfrente, yendo hacia Taganana.
           Raquel, lógicamente, abandonó el circo, siendo sustituida en el trapecio por su hermana Esther.
           Cuando unos años más tarde, el Circo Segura abandonó San Andrés, la aún niña Mª Cristina, ya hacia equilibrios en la pista sobre el alambre ayudada de una sombrilla.
            El circo con la artística familia Segura, siendo la pequeña Cristina  una incipiente equilibrista incorporada en la troupe, volvieron a recorrer los maltratados caminos de la península. En un accidente de tráfico, cuando iban con el circo para actuar en la feria de Sevilla, uno de los camiones que los transportaban volcó y Esther falleció. Su padre, sin mucha fe, puso en su lugar sustituyéndola en el trapecio, a Mª Cristina, que se inició en nuestro pueblo en el mundo del circo, comenzando así su trayectoria hacia la fama como la mejor trapecista del mundo con el nombre de “Pinito del Oro”… y yo le añadiría… “de San Andrés.”   
           Lo demás… es Historia.

                                     L. Torti   29 Mayo 2011

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