sábado, 14 de mayo de 2011

Nostalgias


          Por el aspecto actual del pueblo según se ve en fotos y vídeos, es bien patente que en los últimos años, ha sufrido una explosión demográfica a raíz de la urbanización y remodelación de la playa Las Teresitas y su dársena pesquera.       
Foto: Eladio Cova
        Como consecuencia de ella, se  realizaron las importantes obras de infraestructuras  tan  necesarias como: alcantarillado, conducciones de agua a las viviendas, pavimentado de calles, alumbrado subterráneo, nuevos paseos y parques, dotaciones de mobiliario urbano, sobre todo encauzamiento de los barracos del Cercado y las Huertas, ordenamiento y protección del Castillo,  diversos puentes de comunicación sobre los cauces  para salvar los barrancos y un amplio y bello paseo marítimo, trabajos todos ellos indispensables  que le han dado a San Andrés un merecido aire de  modernidad, comodidad, bienestar, publicidad,..Y un largo etc., de beneficios dignos de elogio.
       Tantos esfuerzos, tantos gastos, tantas molestias con las obras, tantas discusiones y manifestaciones, tantas peticiones para encarrilar fallos cometidos, tantas reivindica_ ciones no oídas para, al final, el problema de las aguas pluviales e inundaciones sigue igual o peor que en tiempos pasados.
Foto cedida: Alexis Méndez Morales         

          El encauzado de los barrancos,  visto los últimos desbordes con la consiguiente inundación de calles y casas  ¡¡NO HA SUBSANADO LA TRAGEDIA DE LAS INUNDACIONES !!... ¡Hasta cuando, se tiene que seguir sufriendo esa incertidumbre!
           Recuerdo el terror que me producía, impidiéndome dormir, cuando en el silencio de la noche, me despertaba aterrado por el tremendo ruido producido por las impetuosas aguas del barranco arrastrando gruesas piedras y todo lo que se ponía a su alcance. Lo acompañaba el estruendoso sonido de los truenos con la zigzagueante cegadora luz de los relámpagos al que se le unía el ¡click, click! de las goteras que cada año la propietaria de la casa, prometía arreglar y ahora caían del techo insistentemente a las palanganas y en los diversos cacharros que ponía mi madre.
           A pesar que el muro de la Muralla era bajo y sin demasiada consistencia, no se producían inundaciones tan violentas, porque el cauce era tan amplio, que las aguas se distribuían por todo su ancho sin alcanzar mucha altura, evitando el desborde del muro protector. Solo en la parte baja del Castillo, por acumulación de los guijarros  arrastrados por el barranco y por los de la playa, a lo largo de la época seca y debido a las olas producidas por la subidas de mareas y fuertes temporales, se formaba en la boca de la desembocadura, una inicial retención que, al momento, las  fuerzas de las aguas del barranco, acababa por hacerla desaparecer, abriendo una amplia brecha, dándole salida al mar y ampliando, año tras año El Cabezo, con nuevos aportes de aluviones de piedras y sedimentos.
           Igualmente para hacer la amplia y bonita avenida de entrada  a San Andrés, se han tenido que sacrificar las playas que protegía el murito donde también rompían la olas, pero sin la violencia actual, dado que entonces, era la distancia natural de su rompimiento, pero al robarle terrenos al mar, no solo han desaparecido sus playas, tanto la del Muellito como la que se extendía hacia el Cabezo, sino que, el propio Muellito, ha sido  triste víctima,   sufriendo las consecuencias de la usurpación del espacio natural adaptado durante siglos.
Foto: Ana Isabel Delgado Torres         
      La invasión de grandes piedras para el rompeolas acortando el espacio de aproximación  de las fuertes mareas, hace que las olas rompan con bastante más violencia, saliendo dolorosamente perjudicado el propio Muellito, ahora mutilado y mal herido, sin visos de una necesaria y deseada reparación para que recupere su encanto como símbolo y recuerdo de su valiente misión protectora de las marineras barcas de los  pescadores  y la  lúdica  alegría de la chiquillería  con sus saltos, juegos  y baños durante tantos años. Ahora, con El Muellito roto, se pierde uno de los rasgos que daban personalidad y carácter, junto con el Castillo, a nuestro querido pueblo.
           Desde las reformas hechas para la modernización del pueblo, cualquier nimio temporal, inunda la preciosa avenida manteniendo el agua encharcada, haciéndola intransitable por no tener medios de evacuación del agua hacia el mar, añadiéndosele el temor de los vecinos  de ver sus casas inundadas  con las consiguientes molestia y  precaución de salir a la calle, la interrupción del tráfico por las fuertes olas que bañan continuamente la avenida y todo el deterioro que supone en el pavimento,  plantas,… ¿No se podrían subsanar esos continuos inconvenientes? ¿Es que San Andrés no se verá nunca libre de esos antiguos problemas? ¿Cuántos años más han de pasar para eliminarlos?...
¡¡ Pobre sufrido pueblo mio!!
           A cambio, San Andrés. para conseguir su moderno funcional aspecto, para un nostálgico romántico como yo, ha tenido que pagar un alto precio, en cuanto, ha perdido la belleza natural de sus playas de “callaos” y negra arena, la desaparición de sus hermosas, frondosas y fértiles huertas, la intimidad y el sosiego de sus habitantes, buena parte de viejas costumbres y tradiciones, el encanto del viejo y entrañable Muellito protegiendo valientemente, a  las dormidas barcas varadas, mi aprendizaje a nadar,  siendo espectador activo de mis juegos infantiles, la paulatina invasión urbanística de sus montañas circundantes, el deterioro continuo del medio ambiente,…mas otro largo etc., que aún no ha terminado.
 

 
Foto: Domingo T. Hdez. Vivas                      
                                                                                                                                                                         Foto: Javier Melián 

           Entre mis recuerdos infantiles durante los fuertes temporales invernales, las grandes olas del bravío Atlántico arrastraban los guijarros de la playa, tanto en la subida como en la bajada, de las impetuosas olas que saltaban el murito de la playa. El vaivén de las cantos rodados hacían un ruido atronador, como la estampida de miles de bisontes que, en el silencio de la noche, retumbaba en mis oídos impidiéndome conciliar el sueño por el miedo que me producía.                                                                      
          Cuando a la mañana iba a la Escuela de Orientación Marítima, situada en la calle del Horno pegando a la playa, al bajar mi calle para ir al colegio, en el trozo final que desembocaba en la calle del murito, te encontrabas con barcas varadas que casi impedían el paso, que los pescadores habían transportado desde la playa del Muellito para protegerlas del fuerte oleaje. Así, en cada bocacalle donde era posible, incluida la calle Belza, hasta la esquina de la calle La Arena, se llenaban de barcas refugiadas del temporal. Pero… a pesar de todo, las aguas no inundaban la calle de forma dramática.
          Aún llevo vivo en mi memoria y guardo con inmenso cariño, la imagen de un dormido pescador sesteando a la sombra de las también dormidas barcas,  el olor a redes y aparejos, el ¡aurié, aurié!  al tirar del “chinchorro”  con el copo lleno de peces bullendo  intentando escapar desesperadamente  de su mortal prisión, y otra vez el ¡aurié! al sacar las barcas de la mar deslizándolas  sobre los gastados ensebados “varales”, la habilidad y destreza del viejo pescador remendando  las redes extendidas sobre el suelo del muelle, las luces de los “petromaxs” como enormes luciérnagas “titilando” su luz reflejada en las tranquilas aguas de las estrelladas noches veraniegas y un largo etc. de  escenas marineras. Todo ello me trae la real demostración de mi San Andrés como un pintoresco, encantador y típico pueblo pescador y marinero.               
         Posiblemente era necesario sacrificar parte de ese encanto, pero la ambición, especulación y corrupción ha hecho imposible un equilibrio entre la modernidad y la conservación de lo que siempre ha hecho de San Andrés un pequeño "Shangri-La" tinerfeño.

 






                             Marzo  2011

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