sábado, 2 de abril de 2011

Las escuelas - Escuela Nacional de Orientación Marítima


                No sé cuanto tiempo estuve dando clases en la escuela de la Nena y a decir verdad, nunca tuve información de si habia otras escuelas. Solo conocía la de doña Celia, porque pasaba todos los dias por su puerta y la de la Torre, pero como he dicho anteriormente, no vi nunca que allí se dieran clases. Solo supe que  existian otras escuelas en el pueblo ,cuando deje de  acudir a la de Nena  para  asistir a una nueva, pero no sé si ya estaba abierta antes o se abrió con la llegada de un nuevo maestro con su familia.
                 Calculo que tendria para entonces 7 años o cumpliria 8 en el próximo octubre, cuando comenzó el curso después del verano. Tampoco recuerdo si  mi hermano ya estuviera yendo a la nueva escuela o llevaba mas tiempo en ella, el asunto es que ambos coincidiriamos de nuevo en la misma escuela pero esta vez, con un buen número de alumnos y una  estructura de escuela oficial.
                   La escuela estaba situada en la  primera casa  a la derecha empezando por la calle El Horno que  subia a donde estaba el molino de gofio,frente por frente a un pequeño almacén del sr Antonio, donde guardaba artes de pesca, nasas, lámparas de carburo, sogas, mirafondos y petromaxes  usados para la pesca nocturna, consistente en unas grandes lámparas  alimentadas por petróleo que por combustión, ponian unas camisas de seda en incandescencia consiguiendo una  iluminación muy potente.  Se colocaban a los costados del barco  y a su resplandor acudian los incautos peces
                    Las ventanas del almacén daban a la calle del murito de la playa y bajo de ellas, había una bancada que servia de asiento para los pescadores  que con frecuencia se reunían alli, esperando a algún patrón que saliera a la mar  a pescar y le contratara  a cambio de una, dos, tres  “soldadas”, dependiendo de la experiencia  y eficacía del pescador contratado.
                    El final de la bancada hacía un  hueco con una rejilla de hierro en el fondo, antes de llegar al desagüe por  donde  se iba el agua rebosante de los baldes y cántaros  que iban a llenar los vecinos de la zona  en el “chorro de la playa” adosado en la pared del almacén. Los sobrantes de agua  salian hacia una suave bajada, donde era absorbida por  la tierra  que era todo el “pavimento” de esta calle hasta llegar al castillo.                    
                    El local donde se ubicaba la escuela, era una casa vieja con una sola sala rectangular de unos 15 m. aproximadamente, con una ancha puerta de entrada que hacia muchos años no   conocia la pintura. A los dos lados de la sala, unas largas mesas con unos igualmente largos bancos, cuyos respaldos eran la propia pared, llegaban casi hasta la mesa del profesor colocada en la única pared frontal donde estaba la gran pizarra,  un crucufijo y un cuadro con la foto de Franco.  Entre ambas mesas quedaba un largo pasillo por donde el maestro paseaba mientras explicaba la lección, dictaba o vigilaba  la clase.
                   En la pared que daba al mar, dos grandes ventanales ansiosos de pintura, daban acceso a un patio que abarcaba todo el largo de la clase y de unos 3m. de ancho, cerrado por una alta tapia.  Al lado del colegio por la calle del murito de la playa, vivia don José Benigno Ramos el practicante y dueño del cine.
                   Las paredes laterales estaban llenas de láminas de peces, nudos marineros y cosas relacionadas con la mar, porque esta escuela estaba dedicada a la enseñanza de  temas maritimos  y todo giraba sobre la pesca, barcos  y el mar, no en vano era  “Escuela  Nacional de Orientación Maritima”.
                     El profesor destinado a  departir la enseñanza acababa de recalar por el pueblo y se daba la graciosa paradoja  de tener que  llevar una escuela sobre temas maritimos y  para colmo era  ¡¡de secano a más no poder!! Nada menos que de un pueblo de los alrededores de Madrid o Toledo,no estoy seguro, y habia visto el mar por primera vez cuando viajó a Tenerife. Se llamaba don Pedro Urraca Pérez y traía su familia formada por su esposa,doña Eulalia y dos hijos; una niña de nombre igual a su madre Eulalita y un niño llamado Pedro, como su padre, siguiendo la arraigada tradición castellana. Formaban una bonita familia y muy pronto se ganaron el  respeto y cariño del pueblo.
                     Don Pedro tuvo que hacer un gran esfuerzo de adaptacion y aprendizaje  para dar las clases de unas materias y un “argot” marinero desconocido para él, llegando a ser un excelente profesor, además de  ser  ya, buena persona,  aunque a mí me dejó un recuerdo poco grato.
                    Tanto Eulalita como Pedrito pronto se hicieron nuestros amigos. Mi hermano y yo  jugábamos con ellos y entre nuestras familias surgió una buena amistad. Ellos vivian también en calle La Cruz haciendo esquina con calle La Arena. Con frecuencia venian a casa y mis padres les orientaba  e introducía en costumbres y   particularidades del pueblo.
                  De las veces que venian a casa coincidian que mi hermano Rafaél tocaba la guitarra y mis hermanas y yo  cantábamos todas las canciones que entonces estaban de moda. Esta particularidad era frecuente en mi casa ,el estar  mi hermano ensayando con la guitarra y de pronto,  tocaba un bolero que alguno cantabamos y una hermana cogia a otra y se ponian a bailar  y tanto mi hermano Andrés como yo bailabamos con ellas aprendiendo. Recuerdo que me subia en los pies de  mis hermanas  y con sus pasos de baile, yo tambien los seguia ,pero subido en sus pies. En mas de una ocasión, mi madre se disgustaba por repetir tantas veces --¡Niñas a la mesa  que la comida se enfría! --- Mientras nosotros, seguiamos con nuestra espontánea fiesta, incluso alguno la agarraba y la ponia a bailar aunque se resistia, pero  en el fondo, mi madre, era inmensamente feliz.
                    No sé si ya lo tenía  en la península o se lo compró  aquí,  pero Don Pedro tenía un acordeón que tocaba con  voluntad y dedicación. Todas las tardes practicaba,  después de  acabar las clases,  sentado en una silla baja en un rincón de la salita de su casa con el cordeón entre sus brazos.
                     Una tarde, mientras estaba haciendo las tareas del colegio, se presentó Pedrito en  mi casa preguntando por mí. Yo creí que me buscaba para ir a jugar, pero cual fue mi sorpresa  cuando me dijo que su padre queria que fuera  a su casa un momento. Se lo comenté a mi madre y me dejó ir  con la condición de que despues acabara los deberes colegiales. Entre receloso  y curioso, bajamos Pedro y yo hasta su casa. Al entrar me encuentro a don Pedro, que impaciente, me esperaba en su silla con el acordeón en ristre.
                     Nada más verme, me pregunta: --- ¿Te sabes la canción “Madrecita “ de Antº Machín? ----Sorprendido, le digo que si. ¿Cómo no la iba aconocer si en aquellos momentos estaba de moda?  ¡ Yo me  sabia todas las canciones de esa época!. Desde muy chiquitito ya demostré una gran afición a la música  y tenia mucha facilidad para “quedarme “ con las melodias y las letras de las canciones. Además entonaba bien , tenia  sentido del ritmo y aunque me faltaba voz,  no lo hacía mal, tenia buenos maestros en casa con mis hermanos y un gramófono  con manivela en el  que me pasaba el día  poniendo discos de pizarra y posteriormente de vinilo, escuchando viejas canciones.  Don Pedro conocia mis cualidades y recurría a mí para que le cantara canciones para aprendérselas y tocarlas con su acordeón.                                                                                                                                           .           
                                          Muchas tardes cuando saliamos de su clase, me pedia si podia pasar por su casa un ratito que se convertía en unas horas, donde cantaba“Dos Gardenias”,”La estudiantina Portuguesa”,”Mirando al mar,””Porque ha perdido una perla”, etc.,etc.,….todas las que le gustaban. Se las repetía una y otra vez e incluso él tomaba nota de las letras.  Al principio las cantaba con cierta timidez, pero llegué a soltarme tanto, que acabé presentándome a un concurso para niños en Radio Club Tenerife junto con Mari Luz, la hija del Nene y la Rubia.  Yo canté, “Serenata de las campanas”, acompañado con  la guitarra, por mi hermano Rafael (Falito)q.e.p.d. Así….,  casi sin quererlo, hicimos Historia al ser los primeros hijos de San Andrés que extendieron sus infantiles voces por todo el archipíelago, a la vez, que me converti en el “casette” personal de mi maestro de Orientación Marítima.
                   Pero aparte de ser su “repetidor musical,” don Pedro, me dejó  un penoso  recuerdo imborrable.
                   Aquel día empezaba el verano y ya en el colegio se respiraban los vientos de las vacaciones, es más, creo que ra el último día de clase, porque coincidia con un fin de semana. Todos los alumnos estábamos muy alborotados. Don Pedro ya nos habia llamado la atención en varias ocasiones, incluso nos amenazó con salir mas tarde si no guardábamos silencio y compostura pero….¡Cómo se le puede pedir orden y silencio a tantos diablillos  a punto de  obtener  la libertad escolar! Los mayores todavia,  pero la mayoria  de escolares, estábamos entre los 8 -12años  y yo tenía motivos personales para cierta euforia.   
Fuere como fuere, casi al término de la clase mientras recogíamos los cuadernos, lápices  y todo el material escolar, no parábamos de hablar y juguetear, tirándonos con unas gomas a guisa de tirachinas, papeles enrollados  y trozos  de tiza. No sé quién de la mesa de enfrente  tiró hacia la mia, un avión de papel, que sin planear, cayó sobre mi parte de la mesa. Como reacción inmediata, lo cogí por debajo de las alas e insuflándole en el morro un  vahido húmedo con la boca, como era la costumbre, lo lancé al aire hacia la mesa de enfrente, pero  en esta  ocasión, en vez  de hacer el recorrido directo, como  el primer  vuelo, planeó sobre las mesas  dando un par de giros para despues  ir a  estrellarse en la cara de Don Pedro,  que sentado en su mesa, tambien ordenaba sus papeles.
                 La clase rompió en una sonora risa, mientras el maestro, asustado por el encontronazo y visiblemente enfadado, gritó: ---¿Quién ha sido?---  escudriñando los rostros buscando un signo de culpabilidad, que pronto descubrió  cuando, muchos de los alumnos, con la mirada dirigida hacia mi, me delataban en silencio, y hasta yo mismo,  enrojecido y cabizbajo, descubria mi culpabilidad..  Don Pedro sentenció severamente ---Ahora, cuando salgan todos, te quedarás castigado y escribiendo en la pizarra:  “En clase no se juega”.----
                   Casi  todo el mundo, llegada la hora, salió de la escuela  contento y gritando de alegria por el inicio de las vacaciones ,aunque  lo único que implicaba, era no tener que acudir a clase, pues nos seguiriamos viéndonos todos los dias igual, solo que en el Muellito bañandonos o jugando en la calle.
                  Ya todos fuera, don Pedro me dejó encerrado con llave  y  la promesa de venir pronto a buscarme. Me quedé solo, triste y apesadumbrado en un silencio y soledad que pronto empezó a serme angustioso.
                Comencé a escribir en la pizarra con letra grande y separada para rellenerla cuanto antes, la fatídica sentencia :”En clase no se juega” . Había acabado la pizarra y allí no aparecia nadie. Me senté en el borde del banco lo mas próximo a la puerta   esperando, de un momento a otro, ser liberado, pero pasaban los minutos, me acercaba a la puerta por si oia llegar a alguien y… ¡nada!. Me paseaba arriba y abajo por el pasillo entre las dos grandes mesas, cada vez mas nervioso y lloriqueando, mientra veia que la tarde iba oscureciendo y seguia sin acudir nadie. Mi desánimo y mi miedo empezaron a ser mella en mi y llorando con gran desconsuelo,  daba golpes en la puerta dando gritos--  ¡¡Quiero salir!! ----  Mis lágrimas y gritos se ahogaban  en el vacio de la clase sin que nadie diera respuesta a mi angustiado llamamiento desde la calle,  y nunca, nunca, San Andrés,  parecia estar más  mas silencioso y despoblado. ---- ¡¡¡ MAMÁ,SÁCAME DE AQUÏ!!!  gritaba ya desesperado como último recurso de salvación, mientras lloraba amargamente.
                En vista de que por la puerta no encontraba respuesta, se me ocurrió abrir una ventana y penosamente salté  al patio y desde alli, intenté subir a la tapia para saltar, pero era demasiado alta para mi, siendo  mis intentos  inútiles. Estando en la lucha de querer subir la tapia…,¡de pronto! oí voces y griterio de niños que jugaban a la pelota  al otro lado. Inmediatamente me puse a gritar  y a tirar algunas piedras que encontraba para llamar la atención,  cosa que sonseguí,  porque al momento, vi la cabeza de Benigno Ramos, (Nino)el hijo menor de don Pepe,el practicante, asomar por encima de  la tapia, porque por su lado, era mas asequible, que jugaba con otros chicos de la Villa Abajo en la puerta de su casa. Les expliqué  mi problema y les pedí que fueran  a avisar al maestro para que me sacara de allí. Mas tranquilo y reconfortado ante la esperanza de una pronta salida, me fui calmando esperando impaciente al lado de la puerta, la llegada de la libertad.
                 Cuando, al fin, llegó don Pedro  y me abrió la puerta, volvi a romper en llanto mientras  él me abrazaba  paternalmente, apesadumbrado, arrepentido y pidiéndome perdón por su olvido. Me acompañó hasta mi casa consolándome por el camino, y yo, pensando que iria a pedir disculpas a mis padres, al llegar,me llevo la gran  sorpresa, pues me encuentro a su esposa, sus hijos Eulalia y Pedrito y mi familia, que estaban dándose un banquete.
                    Mi madre y mis hermanas habian hecho un par de bizcochones que llevaron al horno de la panaderia  de la calle Guillen por la mañana, cosa que todo el mundo hacía  cuando tenia que hornear algo, porque entonces, nadie tenia horno en su casa. 
                    Para cuando regresara de la escuela, tenian preparada una sorpresa consistente en una suculenta merienda a base de chocolate, bizcochos  y unas estupendas galletas surtidas  danesas que venían en unas latas redondas  y  mi padre  compraba en los barcos extranjeros cuando estaba de servicio en el puerto en Santa Cruz.
              Todos se compadecian de mi  y trataban de compensarme con chucherias  y mimos el gran disgusto  que había pasado.   Mientras  yo me debatia en  angustias, temores y llantos, ellos…..¡¡ se estaban comiendo mi apetitosa merienda tan felzmente, sin acordarse de  quien era el verdadero protagonista!!.
            
                 Corría el año 1949 , en octubre cumpliria 8 años  y hoy era un día  muy especial  para mi,  21 de Junio,  empezaba el verano , las vacaciones, San Luis Gonzaga  y….  ¡¡¡ ERA MI SANTO!!!   

                                                          ---  Epílogo  ---


                          En la calle La Arena, esquina con la calle El Horno, a pocos metros de la Escuela de Orientación Maritima pero en el lado de enfrente, habia otra escuela de ensañanza normal para niños,  y poco mas puedo aportar porque nunca asistí a ella. Desconozco su  funcionamiento y como era interiormemnte ya que nunca  estuve dentro. Hasta  que no asistí a  la de orientacion maritima, desconocia la existencia de ambos colegios. Y si ya funcionaban, nunca me percaté de ellas por ser muy pequeño  y estar alejadas, de mi entorno de juegos habituales, solo cuando empecé a ir a clase con don Pedro, supe que estaban allí.                           
                            Se entraba por calle La Arena, no era muy grande, tenia una sola ventana a la misma calle y estaba al lado de un bar que no recuerdo si era el de Antonio o el de Luis, pues ambos estaban en la misma calle, aunque en distinta acera, y a escasos pasos uno del otro.
                        Su maestro como el  mio,  vinieron a San Andrés con muy poca diferencia de tiempo.. El maestro que se ocupó de esta escuela era andaluz, no recuerdo de que provincia, pero me suena que eran de Cádiz,  se llamaba don Diego y venia con su esposa doña Pepita, inmediatamente apodada por “la Peninsular” y dos niños Diego, algo mayor que yo y Pepito, mas o menos de mi edad.Todos tenian un marcado acento andaluz, sobretodo doña Pepita, que además  se distinguia, por su desparpajo hablando y, una prominente nariz  que sobresalia de su alargada cara. Vivian en  el lado derecho de calle La Arena a mitad del trozo comprendido entre la calle La Cruz y el Castillo.

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