martes, 4 de enero de 2011

LOS REYES MAGOS

                 Ante la proximidad de la noche de los Reyes Magos viene a mi memoria una simpática anécdota  ocurrida en tan señalada noche, que presencié con miedo y estupor y durante años, he oído reproducir, alegremente, entre algunos de los protagonistas, el jocoso acontecimiento.
               
                   En aquellos años creíamos en los Reyes Magos hasta edades ya grandecitos. Los niños éramos bastante inocentes ,ingenuos y ejercíamos verdaderamente de niños, en contrapunto a los niños de ahora, que son bastante más avispados por ellos mismos, y si no, ya se encargan los medios audiovisuales e incluso los escolares, en quitarles la poca  inocencia   que les queda .
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http://img524.imageshack.us/img524/3265/image003l.png                  Entonces como ahora, esa noche mágica era esperada por todos los niños con gran ilusión y esperanza de que, los generosos Reyes, dejaran en los zapatos los regalos que previamente les había pedido en una carta que creíamos recibirían a tiempo para ver realizadas nuestras peticiones…… pero….. en S. Andrés, por desgracia, habían muchos niños, tal vez demasiados, que no podían soñar en que los Reyes le dejaran ni una simple pelota o una pequeña muñeca de trapo,  no ya en los zapatos que no tenían, pero ni siquiera, en unas humildes alpargatas con algún agujero en su lona, pues los tiempos eran muy difíciles, con muchas penurias y escaseces y, una vez más, no se disponía de dinero  en muchas familias  sino para, escasamente,  comer. 
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                   Te ibas pronto a la cama, no sin antes, dejar una bandeja con una botella de anís y unas tortas navideñas que hacia mi madre  para los Reyes y un cacharro con agua para los camellos, como era costumbre. La noche se hacía interminable. Dormías nervioso e inquieto esperando un amanecer que no llegaba nunca . A las primeras luces del alba, ya estabas con un ojo abierto esperando oir movimientos de que alguien se levantara para saltar de la cama y correr hacía la ventana donde colocábamos los zapatos  para ver, entre asombrados y  complacidos, lo que Melchor, Gaspar o Baltasar te había traído, según a quién, le habías dirigido tu carta.
                    Nunca te traían todo lo que habías escrito en tu carta y algunos de los juguetes, eran sustituidos por otros que no habías pedido y no comprendías el porqué de esos cambios y olvidos. Lo entendí….. ¡cuando fui padre!
                       Los que nunca fallaban eran los juguetes que nos decía mi madre que pidiéramos para los niños que no tendrían ninguno, de manera que, algunos, los teníamos por duplicado, mas algunos juguete propios de niñas, que luego mi madre repartía entre algunos niños  vecinos.  No podía faltar una pelota de goma ,más o menos grande, pero ni soñar con un balón que, por entonces, apenas si lo podía tener el club deportivo San Andrés. La pelota era el juguete estrella pues, quien tenía  la más grande, era el que decidía quien jugaba o no, en los partidos que se organizaban, y mientras duraba la pelota, era una dicha jugar al fútbol, porque, cuando ya era imposible darle una patada por las rajas que tenia, nos las teníamos que hacer nosotros con las hojas que protegían los nacientes plátanos  atadas con las aneas de las corteza de la platanera y si querías perfeccionarla, la forrabas con una media o un calcetín viejo y te quedaba una pelota, aunque tan dura como una piedra y que no botaba, pero podía resistir todo una “liga” sin estropearse. Luego venían las pistolas y los rifles de aire con un tapón de corcho atado  a la base del cañón y para que fuera más lejos y darle un taponazo a algún amigo jugando, tenias que cortar la cuerda a riesgo de perder el tapón. Algún año te ponían una pistola de “mistos” y eso, ya era un lujo. Caballitos de cartón con ruedas, camiones de madera  con una manivela para el volquete, coches metálicos con cuerdas que te duraban una semana, un mecano, cajas de colores Alpino, cuadernos de dibujos para colorear, cuentos,…..  etc. Yo cada año pedía y me lo traían, un coche “pulga”, rojo ,llamado así porque era muy pequeñito, pero me hacía gracia porque le daba cuerda y giraba haciendo un redondel y también  podía  ir en línea recta. Ya de mayor, algún año también me pusieron el coche “pulga”.
                         Aquel año  San Andrés iba a tener  una visita “Real”. Una semana antes se iniciaron los preparativos para el recibimiento. Su recorrido,  por las empedradas calles del pueblo, iba a ser muy ilusionante y productiva, sobre todo, para la gente menuda  porque, nada menos que las recorrería ….¡¡El Rey Mago Melchor!!
                          Varios jóvenes del pueblo entre los que se encontraban Antonio Yánez, hijo de don José Yánez Marrero propietario de las “guaguas” de S. Andrés, un hijo de Madre Concha, vecina de al lado de mi casa, que si lo llamabas por su nombre, Antonio, nadie sabía quién era, pero si el añadías “el Pancista”, lo conocían hasta los “cazones” del Cascajo, creo que también iba  Pepito Cabrera, hijo de don Pepe el practicante y dueño del cine, algún otro que no recuerdo y mi hermano Rafaél q.e.p.d. que iría disfrazado del rey Melchor. Mis hermanas se encargaron de hacerle una túnica, además de una  capa  con tejidos que fueron encontrando de aquí y de allá, una blanca barba de algodón  y una corona  real forrada de telas y adornadas con galones  y botones dorados del uniforme de marina de mi padre. Completaba el equipo real el hermoso corcel que llevaría las “reales” posaderas...¡¡¡un burro!!! que no sé de donde lo sacaron.
                         Entre todos recogieron juguetes para niños y niñas ya usados, algunos nuevos, arreglaron y pintaron los que podían, compraron caramelos y chucherías, con más  entusiasmo y buenos deseos de hacer algo, que los escasos medios de que disponían.
http://img52.imageshack.us/img52/5386/image002b.png                        Y ¡por fin ¡ llegó el gran día. Al anochecer  se preparó toda la parafernalia  y así el  Rey Melchor con su cutre vestimenta, montando a pelo su hermoso jumento y un pequeño cortejo con  los ya mencionados, aumentado por mis  hermanas y alguna amigas mas, salieron a recorrer las calles del pueblo y   a su paso, a los niños que veían, les daban caramelos y si eran de los más desafortunados  económicamente hablando, le daban algún juguete de los que llevaban que no eran muchos. Durante el recorrido, el pobre burro, a tramos se paraba sin querer dar un paso  y a base de tirones,  subidas y bajadas del rey Mago y de algún que otro palo. el animalito reanudaba la marcha hasta una nueva parada en la que se negaba, cada vez más tozudamente,  a caminar. A trancas y barrancas subían por la calle La Cruz y a la altura de mi casa, ya un poco tarde, pararon y mi madre nos sacó  de la cama ,pues había que acostarse pronto, a  mi hermano “Panchín” y a mí, que era  pequeño, abriendo  la ventana para que viéramos al famoso Rey Melchor. Yo en brazos de mi madre miraba asustado el espectáculo, cuando ¡de pronto ¡el burro se puso a rebuznar  a la vez que defecaba gruesos “cagajones” mientras los acompañantes tiraban del ronzal para que caminara y el pobre animal, harto ya de tanto jaleo, empezó a dar coces mientras el Rey Mago se agarraba a donde podía hasta que el animal, coceando y  en una loca carrera, salió pitando calle arriba dejando a Melchor, tirado  en el suelo casi en La Torre, baldado  y maltrecho como Don quijote en su lucha contra los molinos. Mientras, todos se partían de risa y corrían detrás del burro sin alcanzarlo. Y yo asustado, lloraba desconsoladamente. 
                     
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  No sé si, en años futuros,  Los Reyes Magos  tuvieron la deferencia de aparecer por San Andrés  en alegre y dadivosa cabalgata, pero estoy seguro que Melchor se quedó en La  Muralla Grande a la entrada de la Rambla, esperando que volvieran  Gaspar y Baltasar,  porque aun  recordaría  su anterior accidentada visita que fue la primera vez que  Su Majestad se dignó visitar tan humilde  y entrañable pueblo.


                                                     L. Torti              Noche de Reyes 2010

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